sábado, 29 de enero de 2011

joropo







¿Y qué saen de aprender a tocar joropo en el cuatro venezolano?









ah ah???








(chacchachachacchachachac)

 

lunes, 17 de enero de 2011

Cavilaciones





o también llamadas "reflexiones no literarias", contrapuesta por la doctrina al concepto de Falacia Literaria (o delirio esquizoide de personaje cortazariano)


y así;


1) aunque estés hasta las weas estudiando en verano, siempre puedes contar con que tus amigos lleguen y te traigan pestelitos


2) el mundo es un pañuelo, y conce ni siquiera un pedacito de confort


3) puedes estar 4 semanas tratando de tararear un tema de los 90 que se supone que te gusta pero no recuerdas; lograrlo una tarde, y olvidarlo nuevamente al otro día


4) lo anterior principalmente porque no sabes la letra (en los 90 pensabas que para hablar en ingles se debían dar vuelta las palabras)


5) perales es màs entrete cuando se quedan a perchar las amigas de tu hermana


4) sólo hasta que te webean por estudiar en verano


5) Jaime se ganó la beca de creación literaria escritores profesionales, 4 palos, sin pitutos, escritor de región, y una novela excelente que recomendarè en su momento


5) mi vieja no se la sacó, pero va a publicar igualmente su nuevo libro


6) la Vale se sacó el fondo de la música por su proyecto, trabajando con aldaba: cumbre del folk


7) mi hermano de santiago se sacó el fondo Audiovisual


8) yo no me saqué nada porque no participé xD


9) quiero hacerlo el otro año, nuevamente


10) hay que hacer carretes para celebrar las buenas nuevas


11) si sumas 1 mas 2 mas 3 mas 4 mas, te da 10, que es el título de un libro buenísimo


12) en ese libro sale el pájaro verde


13) que también es un trago de la cárcel


14) ha muerto gente chupando esa wea, yo conozco a un par que aguantarían


15) estoy aburrido de tantas cosas / gente / de mí


16) y extraño a otros tantos


17) planeo resolver varios temas en verano


18) en una concepción sui generis de la palabra Resolver


19) me revuelvo a estudiar


20) un patito


21) dos patitos


22) El loco











sábado, 15 de enero de 2011

Deja la vida volar (Víctor Jara)









En tu cuerpo flor de fuego tienes paloma
un temblor de primaveras palomitay
un volcán corre tu venas

Y mi sangre como brasa tienes paloma
en tu cuerpo quiero hundirme palomitay
hasta el fondo de tu sangre

el sol morirá, morirá
la noche vendrá, vendrá

envuélvete en mi cariño
deja la vida volar
tu boca junto a mi boca
paloma palomitay

ay palomay

en tu cuerpo flor de fuego tienes paloma
una llamarada mía palomitay
que ha calmado mil heridas

ahora volemos libre tierna paloma
no pierdas las esperanzas palomitay
la flor crece con el agua

el sol volverá volverá
la noche se irá se irá

envuélvete en mi cariño deja la vida volar
tu boca junto a mi boca
poloma palomitai

ay palomay, ay palom
ay





Los dos reyes y los dos laberintos (J. L. Borges)




Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mando a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.







Borges, El aleph













Hay extensiones más dolorosas
que la vasta incertidumbre de los laberintos

Soledad del abismo insondable,
la eterna duda de las máscaras...

Cuentan los herméticos
que existe un tercer camino
que neutraliza los polos

viernes, 14 de enero de 2011

Discurso de la mandrágora






Por qué, con tus encantamientos infernales, me has arrancado a la tranquilidad de mi primera vida... El sol y la luna brillaban para mí sin artificio; me despertaba entre apacibles pensamientos, y al amanecer plegaba mis hojas para hacer mis oraciones. No veía nada malo, pues no tenía ojos; no escuchaba nada malo, pues no tenía oídos; ¡pero me vengaré!








justo que pensaba en vos, nena
caí muerto







domingo, 9 de enero de 2011

dos textos sobre el fuego



I.

Marca de Caín



Con la esperanza devorada desde la entraña expuesta... ¿No eres tú también Prometeo encadenado? 

Cuál es el miedo, poeta visionario, que desde el mismo principio te crucificas ¿Redentor de qué?

Otra mano demora la certera flecha. Los depositarios del sagrado fuego toman lo que creen suyo. Y no es peor sin embargo que la soledad fría del Cáucaso y tu mente sin piedad azotada contra las rocas.

La oscura nube del monte, el festín diario de tu altruista carne... ¿Podrán apaciguar la llama de tu frente?









spark becomes a flame 
flame becomes a fire






II. 

Fuego a las estatuas



Destino. Sólo una noche pernocté en la palabra que te nombra. Y sin piedad las estrellas dibujaron un gran signo de interrogación sobre el misterio del cielo. Las horas se colmaron de memoria, y mi memoria era un muelle abandonado de donde las imágenes pendían con una cuerda de voz en el cuello, una cuerda hecha del eco de su voz anudada en el cuello. Ya nunca pude levantar mi cuerpo de tus caminos; observé mil veces aquella lenta aurora de preguntas en que la noche desemboca, una y otra vez; mi existencia no tenía otra justificación más que devorarse lenta y dolorosamente, como el más abyecto de los ouroboros.
Escribí un poema para explicarme pero no tuve la valentía de mirarlo a los ojos.

Mis versos se endurecieron hasta erigir una gran estatua que me acechaba con desconfianza y yo a su vez. Las estrellas de Escorpio en el cielo parecían disfrutar este juego de espejos.

Una noche, sin misericordia tus ladrones irrumpieron en las piezas. Se llevaron el cubrecama roído y la alcancía, apuntaron a mi hermana con la linterna. De nuevo, la imagen. El chacra de mi estómago abierto con inquisitivas dagas. Son tres, la han apuntado, cada uno con tu rostro, cada uno desconocido, han abierto el cerrojo de mi estómago. Son tres.

Mis máscaras se habían empolvado en la repisa. Lloraron tristemente cuando madre finalmente no quiso decir nada… Un hilillo de sangre resbaló de mi ombligo.
Como un grito ahogado de la tierra, rasgó una nota incierta la quietud de la noche. Debo sacudirme esta muerte, me dije, arrebatarme el cansancio de los pantanos. Un violín desgarró los campos, como el llanto de una madre que increpa el cadáver de su hijo. El tiempo, me dice, no confíes en él, no te entregues a él. La música me clama y comprendo que debo seguirla porque ya casi la flauta traversa, con notas color sepia, con delgadas voces de luna. Son un viaje de notas que me perderé y se perderán en las interminables ciénagas del destino donde mueren los trenes, las palabras, la caricias. El amor descuidado. Abortado en el vientre del silencio.
En la escarcha de mi cuerpo se abrieron humildes surcos. Pronto fueron senderos que la música hendía frente a mí en la maleza bajo estrellas atónitas. La luna bajaba tras los montes y los ladridos de sus perros se perdían en distancias imprecisas. Yazgo en el principio de los caminos, debo sacudirme esta muerte, me dije, debo arrebatarme el cansancio de los pantanos.
Olvidé tu alarde insensato. Prendí fuegos a mis estatuas. Mientras ardían reconocí en sus ojos los ojos de Asterión en su laberinto infinito. Mi alma se entibió cerca de la pira, derretí la escarcha de mis miembros entumidos. Me pareció por un momento que el humo dibujaba en el cielo arcanos del tarot. Prendí fuego a mis estatuas. Tu voz se olvidaba, muerta y sin patria.










m.